Pasaje

Las mariposas de mi estómago retroceden a su crisálida y vuelven convertidas en avispas que descargan todo su veneno en mi corazón. Siento el primer pinchazo y se torna crónico. Un pitido constante, palpitante, arrasando a su paso por mis venas hasta dejar mis extremidades entumecidas. El collar que decoraba mi busto es ahora una burda soga que no hace más que apretar. Y duele. El peso muerto de mi cuerpo trata de tumbarse y descansar. La cuerda me arrastra, se ríe de mí y fulmina mi respiración. En los últimos segundos antes de perecer recuerdo sus ojos penetrantes, inquisidores por un instante. Su sonrisa me llama, pero no me pide que me quede. Se aleja despacio mientras sus labios empiezan a fruncirse. Su rostro cambia. Siento algo. Vuelvo a sentir. El roce frío de sus mejillas rosadas me quema. Espero el beso que no llega y me marcho.