Quince de Octubre

Agachó la cabeza,
y cerró los ojos
reprimiendo una sonrisa.

Apretó las piernas con sus manos.
Damien volvía en forma de recuerdo. Volvían las manos temblorosas y la tranquilidad inquietante. Volvía a preguntarse si realmente serían tan suaves como imaginaba. Notaba el roce de los dedos paseando por sus brazos, como tantas veces hizo. Podía respirar el aroma de la ropa limpia, tenía un olor especial. Le recordaba a casa. Era el lugar en el que se refugiaba cuando se apoderaba de ella la incertidumbre o la ira. Adoraba la manera en la que le proporcionaba paz interior, la sensación de que todo iba a estar bien aunque no fuera eso lo que en el exterior ocurriese. No necesitaba estar junto a él. Ni si quiera hablar con él para que el silencio calmase sus demonios. Escuchaba a los pájaros cantar y el sonido del obturador que una vez más la enfocaba entre tantos libros. Justo a las seis y media los rayos caían sobre sus manos en la cuarta estantería de libros de la biblioteca donde por primera vez se vieron. A través de ellos veía las motas de polvo danzando en el aire, despreocupadas de todo lo que sucedía, desconocedoras de qué se estaba gestando entre las páginas amarillentas.

Volvió.
Una vez más,
Edith volvió a donde empezó todo.
La cuarta estantería parecía no haber sufrido cambios. Los mismos libros, el mismo desorden. Escribió una nota a modo de despedida:

“Te odio,
con todo mi amor.
                          Edith”

212910703_3001a3fa2f_o  

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s