Escrita. Versada.

Ready or not,
here I come,
you can’t hide.

Volvió a entrar al café, a la misma hora de siempre, pero esta vez no quería esperar.
Observaba por la ventana cómo poco a poco el tiempo se ralentizaba, cómo todo se enfriaba.
Parecía caer eternamente por el pozo de los deseos, por el abismo del terror.
A menudo evitaba el contacto visual, perdía el equilibrio al tenerle tan cerca, se precipitaba de la cuerda floja en que se había convertido su vida desde hacía unos meses, un paso en falso y todo a su al rededor se desmoronaría.
Empezó a llover. Le pareció buena idea esconder sus letras tras las gotas.
Salió armada con tinta, intentó escribir detrás de cada una.
Actuaban como prisma, aumentaban su tamaño, de repente, el cielo entero quedó lleno de palabras mal conectadas, por cada ya no existes había cuatro recuerdos.
El tiempo volvió a su orden natural y, después de haber estado casi paralizado, ahora no había quien se atreviera a moverse sin la necesidad de caer.

Empapada. Escrita. Versada.

Tomó el último tren con destino a ninguna parte como la mejor excusa para huir,
sin saber que era ahí donde todo empezaba de cero.

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