Side by side.

La observo. Me mantengo al margen y observo como se abstrae de todo.

Está sonriendo, vete a saber por qué, seguro que tiene la cabeza llena de problemas, pero nada de eso parece, muestra lo mejor de ella, ilumina cualquier sombra que nos aceche, que nos quiera derribar. Sus ojos parecen cansados, pero jamás vi una mirada que derrochase tanto amor, su sonrisa, a veces, parece forzada, pero yo, que la he oído reír, sé que no hay nada con más encanto.

Sigo mirándole, aún no se ha dado cuenta de que va a ser esculpida por mis letras.

Se atusa el pelo, cree que ese peinado no le favorece, pero la realidad es que está increíble como sólo ella sabe. El flequillo le cae sutilmente por el ceño, creo que le molesta y se lo retira con la mano derecha. Sus manos están curtidas desde hace muchos años, tantos que casi no recuerda la primera vez que las tenía tranquilas, pero siendo sincera, a pesar de ello, parece que son de seda, te acaricia con una parsimonia que repele cualquier mal que trate de dejarte intranquilo. Lo sé por experiencia, yo, que pasé más de una noche dormida en su pecho, después de haber soltado ríos y mares, después de que el desasosiego de temas banales me atormentara, escuchando sus golpes de vida de su corazón, sabiendo que sus brazos serían mi escudo impenetrable.

Me ha descubierto. Me mira con incertidumbre al verme sonreír. Agacho la cabeza, pero no soy capaz de dejar de pensar en la suerte que tuve.

Ahora que me ha pillado no puedo seguir mirándole, aunque la cabeza se me invade de recuerdos. Entonces sé, que por más que peleemos, que por muchos desacuerdos que tengamos, ha sido ella quien ha pasado a mi lado más tiempo que cualquiera, que sabe a la perfección qué necesito, cómo y cuándo. Que los días tristes ha sido capaz de alegrarlos, cambiar un poco de lluvia por los rayos de sol más cálidos, me ha abrazado hasta que me he dormido, ha pasado noches en vela por un simple dolor de estómago, incluso hoy en día, cuando duerme, sé que sigue intranquila, que es como la calle más transitada de Nueva York, pero cuando estamos todos bien apretaditos sentados viendo una película, se convierte mágicamente en la casa de Julieta en Verona, llena de amor, dispuesta a todo por nosotros.

Soy consciente de que vosotros no vais a entenderlo. Cómo podríais si no habéis escuchado cada palabra que nos acompaña en los momentos más difíciles, reconfortándonos, haciéndonos saber que pase lo que pase ahí estará ella, detrás de nosotros para levantarnos, sacando fuerzas de flaquezas.

No puedo evitarlo, quiero mirarla otra vez, quiero aprovechar cada instante a su lado.

“Eres preciosa” le digo.

Me mira. Frunce un poco la nariz. Sonríe.

“Te quiero” susurra.

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“Que bonito cuando me hablas,
que bonito cuando te callas,
que bonito sentir que estas aquí,
junto a mi…”

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