Entre tú y mil mares.

 

Se mantenía en pie, aún sin saber cómo.
El sueño se le había acumulado, los quehaceres diarios la mantenían ocupada. Miraba por la ventana contemplando sus pensamientos en el exterior, preguntándose qué hay detrás de todo, qué hay de bueno y qué de malo. Intentaba mantener la racionalidad al cien por ciento y anular la parte más sentimental, aquella de la que en estas ocasiones siempre había sido presa. Le gritaba al silencio en su mismo idioma, esperando la respuesta que merecía su pregunta. La indiferencia se apoderaba de sus oídos, que ahora ensordecían por un sonido agudo que no conseguía apaciguar.

Suponía que debería intensificar aquello que ya sabía, que llevaba sabiendo tiempo atrás.

Suponía que el día estaba gris, que tronaría porque ya no es justo disfrutar del momento, pero estaba sosegada, lo único que se habían reforzado eran los rayos de sol, que le habían besado por los brazos, por el cuello, hasta llegar a aclarar su pelo. Se habían propuesto acabar con la tormenta y ella seguía tranquila.

Cuida lo que tienes antes de que sea tarde,
regresa o quédate.

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