Here with you.

Enamorarse es como llegar a nuestro hogar: tus preocupaciones se apagan y no hay mejor sensación que la de sentirse protegida entre unos brazos amantes. Es abrir la puerta y saltar sabiendo que no me dejarás caer, que te fundirás en un beso uniendo todas las partes que se me habían dispersado. Ver tu silueta al trasluz, acercarme y saber que eres real, pero no solo eso, sino que además no intentas escapar entre mis dedos.

Este amanecer parece distinto empezando por las primeras bocanadas de aire que doy al sentir tus labios junto a los míos, al sentir nuestra piel en contacto, siguiendo por los rayos de sol atravesando tu pecho desnudo entre las sábanas.

Llevaba tiempo esperando ese momento.

Amanecer impoluto.
Unos gorriones cantando, tú y yo.

Se acerca la primavera, el tiempo está cambiando y la temperatura ha subido notablemente. La habitación está humedecida a partes iguales entre el sol de la mañana y el conocimiento de que no solo habían sido besos de buenos días.

Pasaban los minutos,
las horas
y seguíamos presos de nuestras miradas, de nuestras caricias.

Los poros de mi piel se abren, inhalan tu perfume,
mis manos te acarician, saborean cada rincón.

Por mi mente deambulan toda clase de adjetivos que me ahorraré,
eso lo dejo para más tarde,
para ti y para mi,
para la intimidad de nosotros.
Pero si hay algo que puedo decir es que doy gracias por tenerte junto a mi, por haber conocido a una persona capaz de abrazarme en el momento justo, ya sea para derretirme con el más cálido o para hacerme fuerte, una persona por la que merece la pena desvelarse y que casi siempre sea por pensar en cualquier otra forma de hacerle saber que cada día, que cada instante que pasamos juntos, mi amor hacia él crece descontroladamente. Porque así lo hace todo, sin control alguno, cuando provoca mi risa, cuando me hace abrirme hasta sacar mis miedos más ocultos y me deja llorar libre, con la única certeza de que antes de que las lágrimas lleguen a mis labios, él las apartará con sus dedos para luego besarme los ojos. Sin control, como cuando repite cien veces alguna frase absurda que luego queda marcada en mi mente por días, dibujando en mis labios una leve sonrisa al recordar el sonido de su voz, como cuando me besa y me abstrae de mis pensamientos.

Le estoy dando la espalda,
sé que a veces le molesta,
pero me gusta que me abrace,
me hace sentir segura, protegida, amada.

A menudo parece un sueño estar frente a él: sus manos acariciándome, sus ojos pendientes de cada movimiento, su cuerpo a milímetros del mío y sus labios intercalando un “te amo” a cada beso.

Enamorarse es mirar a los ojos del otro y sentir que son los tuyos, querer ser sus lágrimas tan solo para poder acariciar su cara cuando la tristeza intenta devorar su sonrisa, hacer de tus brazos un lugar paradisíaco donde no haya nada más que el calor de los mismos para reconfortar al otro. Enamorarse es amar cada fallo y sentir que cada día es el mejor para decir que la vida dejaría de serlo si no está. Lo bonito de enamorarse es hacerlo todos los días y que sea de la misma persona.

Enamorarse,
sinceramente,
no tengo ni idea de lo qué es,
pero quiero pasar el resto de mi vida junto a ti.

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“You were sleeping next to me,
arm in arm,
dusk to dawn,
with the curtains drawn
and a little last night on these sheets.”

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