UniversEarth.

Universo y Tierra se encontraron.

Se miraron,
se contemplaron,
se sonrieron,
se desearon,
se quisieron,
se amaron

y jamás se separaron.

Él, rodeado de una gran nada, dejando que todos se alumbraran con las estrellas que decoraban su traje, provocando las noches más románticas para todos aquellos que deciden profesar su amor eterno bajo la Luna llena, aunque se ríe siempre de todos los que piden deseos a las estrellas fugaces, porque sabe que solo se cumplirán los deseos de los valientes, los que se atreven a hacerlos reales y no se contentan con pensarlos.

Vaga solo, oscuro y frío.
Temeroso, egoísta y altivo.

Unos dicen que su belleza es enorme, casi tanto como sus dimensiones,
lo admiran,
lo veneran,

“Qué sabrán ellos” pensaba cuando por fin había encontrado la paz y sabía que el resto no lo observaba.

Ella siempre tan equilibrada. Tenía todo cuanto necesitaba, un suelo en el que dejar crecer todas esas plantas que decorasen su vestido de primavera, bañada por aguas frías, calientes, saladas y dulces. Contaba con cuatro estados de ánimo cíclicos, pecaba de previsible, pero a pocos les importa. Había quien la amaba y quien la odiaba, lo sabía, lo notaba, pero no se quejaba, los necesitaba a todos para ser ella.
Delicada como una rosa, frágil como el cristal y a su vez tan fiera en sus días más oscuros…

Giraba en búsqueda de la alegría por el día,
las noches prefería apagar las luces y evadirse de todos.

Cálida y fría,
acompañada y sola,
complaciente y arrogante.

Nadie capaz de apreciarla, quizás no veían el final de ella, pensando que podría con todo lo que se le pusiera por delante, que derribaría cualquier muro, que devolvería a los marineros que se perdieron entre sus aguas, que dejaría de soplar con tanta intensidad y no causaría tanto caos.
Se equivocaban.

Universo y Tierra se conocían desde sus inicios. Antes de que él fuera arrogante y solitario, antes de que ella complaciera a todos por tener compañía y provocara el caos de sus visitantes.

La distancia se hacía corta, el silencio era la forma de comunicarse entre ambos,
temblaban si se acercaban, se complementaban, los pasos de uno se convertían en los del otro, jugaban al escondite, aunque Tierra nunca conseguía desaparecer ante los ojos de Universo, que la abrazaba, la esperaba con ansia, deseaba que llegara la noche para reencontrarse.

Ambos amaban la oscuridad, el silencio, la soledad,
detestaban a todos los seres que durante siglos habían querido hacer que perdieran la magia, que intentaban destruirlos.

“Estúpidos mortales” se decían en silencio,
mientras,
se abrazaban eternamente,
burlándose de todos aquellos que creían saber lo que es amar y dicen hacerlo por siempre jamás.

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