Prostituida por silencios.

Cuerpo menudo, de piernas infinitas y poco pecho, pero a pocos les importaba eso.

Cabello dorado, con la intención de parecer más joven,

simple apariencia.

Y corto, muy corto, así no podrían arrastrarla de ninguna manera.

Pecas en la sonrisa, que mostraba solo para que los demás ni si quiera se preguntasen por qué hacía aquello.

Su nariz era puntiaguda. Sus ojos pequeños y verdes, aunque dependiendo de la luz, se veían marrones.

O3:OO AM.

Gigi, como quería que se le conociera, andaba a toda prisa por la carretera. Las botas de tacón que le llegaban hasta las rodillas, esas negras que tenía desde que empezó a prostituirse por sentimientos, rasgaban cada vez más las medias de rejilla que se ponía los martes y jueves.
Miraba al frente, decidida, casi temblando por la helada de los primeros días de enero. Sus ojos se tornaron negros, ni si quiera había brillo en ellos.
Ojos sin esperanza, sin ilusión, manchados con sangre por todas aquellas noches que tuvo que dejar que cualquiera se acercase a ella por un poco de calor humano. Ojos fríos, secos, ojos que dejaban ver un alma rota en mil pedazos y uno más.
En su mente la abordaban todas esas palabras que había escuchado en su corta trayectoria. Ninguna dolía tanto como las de aquella noche. Quizás por la luna llena, por volver a tener esperanza, por pensar que tal vez no era todo lo que los otros decían.
Escuchó unos pasos y se echó a correr sin estar segura antes de que podía andar con firmeza. El terror se apoderó de ella, la desconfianza provocada por tiempos pasados hizo que cada vez corriera más, pareciendo una gacela.
Puñales en su mente.
Día a día.
Nunca se libraba de las pesadillas.
Se pasaba el día sentada, mirando por la ventana, esperando una señal para escapar de aquel apestoso apartamento que con tanto esfuerzo había conseguido. Llegaba la noche y volvía a su ronda, a su lugar de siempre. Esperaba en la columna. A veces se tumbaba en el suelo cuando decía sentirse como una colilla pisoteada. Otras, sin embargo, de pie, altiva, orgullosa de ser quien era y de todo lo que tenía.
Quieta, apoyada sobre sus rodillas, trataba de recuperar la respiración. Miraba a ambos lados. No estaba segura de nadie.
Oscuridad.
Silencio.
El viento zarandeaba los árboles con violencia. Al verlo, sintió una punzada de dolor en el estómago, en el corazón, en su cabeza.
La falda se le había subido por encima de la cintura, el sujetador se entreveía por un agujero que tenía el top rojo. No se dio cuenta hasta aquel momento. Supuso que habría sido algún cliente. Bajó la cremallera del trozo de cuero que debía cubrir sus partes nobles y deseadas. Tiró las botas a un lado y echó a correr.
Le faltaba la respiración, debía parar, pero este no era el momento, ni si quiera quería hacerlo. La vida le iba en ello. Cansada de soportar vejaciones cada día, cada vez más fuertes, cada pesadilla era romper un poco más su maltrecho corazón.
Prostituida por silencios.
Prostituida por lágrimas.
Prostituida por amor.

large

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s