Nosotros, Tú y, más tarde, Yo.

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Hagamos un trato.

Cada noche, antes de dormir, como un ritual mágico, nos arroparemos con besos. No importa la intensidad ni el lugar, si estamos en nuestra cama o en algún otro sitio, si los empiezo yo o eres tú quien tire la primera piedra.

Nunca nos acostaremos enfadados.

Así no perderemos el tiempo y estarás totalmente seguro de que cuando te abrace por la espalda, lo haré con ganas de estar junto a ti.

O contigo dentro de mi,

ya sabes que así me gusta más.

Puede que algún que otro día te saque de tus casillas, que ni yo misma me aguante, pero prometo compensarte. No sé cómo, puede que llevándote el desayuno a la cama, sin harapos que te escondan lo más mínimo de mi, haciendo una escapada a algún lugar alejado de la mano de Dios o escribiéndote entre mis mejores líneas.

Y lo siento si alguna noche te dejo soñando solo, no es mi intención interrumpir tus deseos y perturbar lo más puro que he visto. Pero es necesidad, después de tanto pensar, plasmar mis letras en algún lugar, por si algún día dudas de algo, que no sea de cuánto te quiero,

o si sale mal,

de cuánto te quise.

Ya sabes, hoy nada perdura, pero todo se quiere.

Aunque siendo sincera, no habría vidas suficientes para conseguir perdonarme el haberte perdido.

Y debes tener claro,

cada día quiero que lo tengas en mente,

que mis prioridades siempre serán:

Nosotros, Tú y, más tarde, Yo.

Sonará apresurado, para los no creyentes del amor, hasta una estupidez, pero tan solo hay que vernos, escuchar mi risa mezclada con la tuya, sentir tu presencia aun sin estar, para saber que hasta el último de mis días es a ti a quien elijo, a quien quiero.

Porque te quiero,

pero de muchas formas distintas,

aunque la más importante: como mejor amigo y confidente.

Y me dirás que no es eso lo que quieres, sino algo más, sin embargo, no hay nada mejor que alguien que tiene fe ciega en ti, que te apoyará y te ayudará hasta el final, unido a unas ganas terribles de comerse el mundo empezando por ti.

Así que gracias.

Por tus susurros a media mañana intentando despertarme, por los besos luchando contra mi flojedad, por ser un tío lo suficientemente duro como para destrozarme en la cama, y lo suficientemente sensible como para retirarme el pelo de la cara.

Tengo que terminar,

se me cae el corazón a tiras,

no sé si por tus ojos, tu sonrisa o la despedida.

Buenas noches,

sólo desde el corazón y no desde el otro lado de la cama.

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