Dependencia

Vuelvo a ti esta noche.

Vuelvo a ti para reencontrarme conmigo misma, para estar en mi hogar.

Hace frío. El viento hace que los árboles muevan sus hojas de forma violenta. La luna llena hace sombra a las estrellas que inundan el cielo.

Tengo miedo. Vuelvo a tener miedo. Esta vez, tú no estás aquí para abrazar mis quejidos espantando mis dudas e incertidumbres.

Entonces, te imagino.

Difuminadas, aparecen tus manos acariciando mis piernas. Siempre cuidadosamente, a pesar de estar duramente pulidas.

Las sábanas no dejan ver más allá. El humo de tu cigarro forma una nebulosa, un cosmos propio.

Siento tu calor como si mi imaginación pudiera hacer realidad los deseos.

Entonces, recobro la cordura.

Pienso que te quiero. Pero siento que te quiero mucho más de lo que alguna vez quise, más de lo que pueden haberte querido. No es un amor común, de los que muestras por donde quiera que pasas. Es de los que prefieres la intimidad para así disfrutar más aún de nosotros. De los que te sale una sonrisa con sólo pensarlo.

Te quiero.

Te extraño.

Te necesito,

para ser yo,

para no ser vulnerable,

para no tener miedo.

Vuelvo a ti esta noche.

Ahora ya no tengo miedo. El viento ha cesado. Siempre tuviste esa magia, capaz de tranquilizarme cuando más lo necesito

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