¿Café o Vida?

Recorrí las calles de aquella ciudad tan sombría. Estaban todas las farolas apagadas. No era capaz de ver nada, pero mis piernas andaban en una única dirección, sin que importasen lo más mínimo las advertencias que me gritaba la cabeza.
Anduve unos minutos más. Todo este tiempo había estado perdida, pero esta puerta, frente a la que me había parado, me resultaba familiar.
Llamé al timbre. No esperaba respuesta alguna.
Miré el reloj: las cuatro de la madrugada.
La puerta se abrió y ahí estaba él. Me hizo pasar, pero sin decir absolutamente nada.
Ahora lo recordaba todo. Siempre volvía a él cuando estaba perdida, él era mi refugio.
Pasamos el resto de la noche en su cama, en un silencio casi sepulcral.
Desnudos. Abrazados.
Me brotaron un par de lágrimas por los vértices de los ojos. Sabía que esta sería la última vez que lo vería.
El alba empezó a colarse por las ventanas. Jean se fue, dejándome sola en su cama, medio tapada con una sábana.
Lejos de ser un amanecer digno de la primavera, era frío, distante, parecía burlarse de mí creyéndose eterno.
Escuché un golpe seco.
Corrí escaleras abajo. Allí estaba, sentado frente a la ventana, admirando el paisaje que ya no volvería a ver. En la mesa quedó su café y dos cucharas.
Me conocía a la perfección. Detestaba el café, pero amaba quitarle una cucharada del suyo. Me hacía sentir viva, formar parte de su vida, estar dentro de él.

Las semanas siguientes las pasé con esa taza. Esa maldita taza roja que sería incapaz de tirar nunca, puesto que las últimas gotas de vida las había desprendido en ella.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s